
Llegué con mi esposo a
una elegante recepción de bodas. No conocíamos prácticamente a ninguno de los
invitados. En una mesa ocupada por ocho personas, amablemente nos ofrecieron
dos lugares disponibles. Pasados unos minutos, una dama que estaba sentada frente
a mí, me dijo: “¡Señora, yo a usted la conozco; usted es la mamá de Homero!”
¡Qué orgullosa me sentí! Debo decirles que Homero es mi queridísimo y
hermoso gato persa. Cuando lo adquirimos tenía sólo dos meses de edad. En cierto
modo había sido el “patito feo” de la camada; no se esperaba gran cosa de él.
Sin embargo, nosotros lo recibimos con inmensa alegría; lo llenamos de cuidados
y, sobre todo, de mucho amor.
Así como el patito del cuento sorprendió a todos al transformarse en
un bello cisne, nuestro “gatito feo”, al paso del tiempo, desarrolló una hermosura
espectacular. Hoy, Homero es un persa
azul verdaderamente majestuoso. De alguna manera... él lo sabe. Su andar es
tan señorial que mi esposo lo llama “su excelencia“.
El que fuera gatito feo compitió dos años consecutivos y, en ambas oportunidades,
conquistó el título de Mejor Gato Premier del Año.
Yo me pongo a pensar en él y quisiera poder decirle: “Gracias, Melito
por poder ser tu mamá. Gracias
por tu presencia, tu cariño, tu belleza y todos tus triunfos. Gracias porque,
al dejarme amarte, toda mi vida se llenó de amor “.
Enna
G. de Medellín |